
Hay esperas que se hacen eternas y eso le pasa cada año a la pedanía de La Dehesa de Letur en Albacete. Un año entero esperando a que su encierro regrese a sus calles. Lo hizo el pasado sábado 4 de julio, programado a las 10:00 h. de la mañana, no fue hasta esa hora que las reses salieron de los corrales cercanos al municipio.
Eran cerca de las 11:00, con un termómetro que superaba los 30 grados al sol, cuando las reses protagonistas, elegidas de la ganadería Clemente Parra, se dejaron ver junto a caballistas. Los aficionados los esperaban ya en sus calles, viéndolos atravesar los últimos metros de campo antes de hacer acto de presencia en el recorrido habitual.
Ganaderos, mayorales y caballistas dirigieron a los dos novillos escogidos junto a los bueyes por el camino correspondiente y llegó el turno de guiarlos hasta las calles del municipio. Fue entonces cuando la manada enfiló la última cuesta, ya de asfalto, para llegar hasta la plaza de toros. Un encierro limpio y muy rápido, donde los corredores apenas pudieron correr varios metros antes de quitarse por la gran velocidad que cogió la manada. Fue un cabestro el que tomó la delantera y en apenas unos segundos llegó a la tierra de la pequeña, pero reclamada plaza del municipio.
Llegó el turno de ver uno a uno los dos erales de Clemente Parra. Se soltó el primero de ellos con el número 8 y guarismo del 4, que fue un poco complicado y reservón, pero escondía fijeza que se demostró más tarde en los cites de recortadores. Ya que una vez el animal estuvo centrado en la plaza se entregó en cada embestida.
Minutos más tardes, salió el segundo con el número 20 y mismo guarismo que su compañero. Más bruto de salida, pero con más fijeza que el anterior. En los cites, aunque pasaba se quedaba corto sabiendo lo que dejaba atrás y poniendo en apuros a más de un aficionado.
Y para finalizar la mañana del primer sábado de julio, desde cajón se soltó una vaca también de dos años. La de Clemente Parra fue seria aunque con entrega, saliendo a todos los cites de los recortadores, llegando hasta el final en los duros burladeros de piedra de la plaza y poniendo en apuros a algún aficionado.

